7:46 pm - Lunes Noviembre 11, 2019

Senador Jaime Quintana, fuerte y claro: “Cuando hablé de remover con retroexcavadora, fui arrinconado por la derecha”

Claudio Nuñez
quintana

Dice que cuando utilizó dicho concepto para criticar el modelo neoliberal que “nos condenaba a la exclusión social”, fue tratado hasta con fiereza y “fui literalmente arrinconado por la derecha y hasta por algunos compañeros de coalición y medios de comunicación”.

En el presente año, ha sido difícil y contradictorio para el senador por La Araucanía, Jaime Quintana Leal. Parece que su nombramiento como Presidente del Senado –cargo de enorme relevancia y que lo instala como la segunda autoridad política nacional- lo ha distraído un poco desde la agenda regional. Es cosa de ver sus intervenciones y nos podemos dar cuenta que sus apuntes están más relacionados con dicho alto cargo, pero poco lo vemos en la siempre esquiva,  inquieta y relevante pauta política regional.

Aún más con los tiempos que estamos enfrentando.

Pero en el repaso y visita a los portales informativos nacionales, encontramos una columna de opinión del senador, en el sitio eldesconcierto.cl, donde volvió a relucir el espíritu combativo, de mover los brazos y levantar la voz, como en sus mejores tiempos en el Partido Socialista, donde militó en su vida universitaria.

¿Y qué dijo de bueno en ese sitio que analiza la política nacional? Uno de los temas que ha saltado a la palestra en las últimas tres semanas, es el profundo cuestionamiento a la economía social de mercado, implantado durante la dictadura de Pinochet.

Para el presidente del Senado –profesor de estado en Castellano, titulado en la Universidad Católica de Temuco- “A nivel internacional, Chile ha sido considerado como el más grande experimento de un modelo de economía y sociedad sustentado en los dogmas del neoliberalismo, en especial los referidos a la completa liberalización del mercado, la reducción del tamaño y la función del estado para asentar el principio de subsidiariedad, y la privatización de servicios públicos esenciales.

Allí, donde había un derecho social, se creó un mercado y unos prestadores privados. Así surgen las Administradoras de Fondos de Pensiones y las Instituciones de Salud Previsional. Todo un prodigio, según señalaba Joaquín Lavín en su libro ‘La revolución silenciosa’ de 1987”.

18 de octubre: otro país

Jaime Quintana -52 años- es integrante, desde el 21 de marzo de 2018, de la Comisión Permanente de Educación y Cultura y dada su condición profesional, permanentemente está presente en la discusión de los temas relevantes vinculados a la educación.

Pero, volviendo a la “revolución de octubre” a la chilena, Quintana señala que “Lo que está ocurriendo en nuestro país a partir del viernes 18 de octubre -en retrospectiva y aunque nadie en el mundo político lo vio venir con nitidez- tiene toda lógica. Cuando existe un modelo con fallas estructurales, sumado a un gobierno muy ideológico que buscó extremar ese modelo en distintas áreas, el resultado es un estallido social de las magnitudes que hemos conocido.

El detonante, ese día, fue el aumento de 30 pesos en la tarifa del transporte público en Santiago. Algo que se podría haber evitado, pues la ley faculta la utilización de un porcentaje extraordinario de subsidio estatal para compensar alzas del pasaje. Pero la ortodoxia económica se impuso. El gasto fiscal tenía que evitarse a toda costa. Un principio coherente con el pensamiento de un gobierno que le presentó al Congreso el presupuesto del sector público con la menor tasa de crecimiento en 17 años”.

Jaime Quintana Leal –el nacido en Lautaro, el 22 de octubre de 1967. Hijo de Daniel Quintana Lizama y Blanca Nieves Leal Lizama- continúa escarbando en la herida que hoy los chilenos –desde todos los frentes- alientan.  En su columna agrega: “De ahí en adelante, la historia es sabida. A los pocos días se anunció la anulación del alza y en el parlamento tramitamos con celeridad el proyecto para implementarla, pero ya era muy tarde para retomar la normalidad que hasta ese momento conocíamos. La movilización y la protesta social, trastocada por actos de violencia y delincuencia que han sido condenados enérgicamente desde todos los sectores, creció como una bola de nieve por todo Chile, haciendo eco de un hastío ciudadano que por décadas estuvo contenido”.

Para ser militante del Partido Por  la Democracia –de extracción de centro izquierda pero que lucha por mantenerse muy distante del PS- no ha tenido dudas en darle duro a esta escuela económica.

“Nos encontramos frente a una oportunidad histórica de repensar sin exclusiones nuestro andamiaje institucional y nuestro modelo de desarrollo. Una de las demandas que más se repite, en medio de una movilización con una increíble diversidad de motivaciones, es la necesidad de darnos como país una nueva constitución. Es un momento constituyente interno, pero muy bien alineado con la necesidad global de establecer nuevas formas de producir y repartir la riqueza, que sean sostenibles con el planeta y que no pongan en riesgo nuestra subsistencia como especie.

Hoy se nos cuestiona por no haber hecho más, y quienes lo hacen tienen buenas razones para ello. Pero es injusto repartir las responsabilidades de manera equitativa. Muchas veces se intentaron introducir cambios -y algunos de ellos se lograron- pero en ocasiones sectores del actual oficialismo actuaron como un verdadero cerrojo de la constitución de 1980, impidiendo las transformaciones”.

Conductor de retroexcavadora

Si bien es cierto, las críticas al modelo neoliberal viene desde el mismo momento en que se instauró en el país, Quintana fue uno de los primeros en poner el grito muy fuerte contra esta filosofía economicista. Tenemos que remitirnos al 24 de octubre de 2014, cuando el entonces diputado señaló –al parecer en una entrevista a El Mercurio- lo siguiente: “Nosotros no vamos a pasar una aplanadora, vamos a poner aquí una retroexcavadora, porque hay que destruir los cimientos anquilosados del modelo neoliberal de la dictadura. El lucro, la selección, la discriminación y la mala calidad. Esas son las características de un modelo educacional que tenemos hoy día, y por lo tanto estos anuncios que hoy día ha planteado la Presidenta Michelle Bachelet van en la línea absolutamente contraria”.

Tenemos que reconocer que Quintana ha venido sosteniendo –primero en voz baja y ahora desde donde tenga tribuna- “que en la centro izquierda faltó una convicción genuina para disputar frontalmente la hegemonía neoliberal. Algunos, cuando pedimos cambios profundos, como fue mi caso en materia educacional cuando hablé de remover con una retroexcavadora los cimientos de un modelo que nos condenaba a la exclusión social, fuimos literalmente arrinconados por la derecha y hasta por algunos compañeros de coalición y medios de comunicación.

Pero hoy no es tiempo de recriminaciones. La historia será la encargada de distribuir proporcionalmente las culpas. Lo que importa ahora es que retomemos el diálogo, y por eso desde el Senado hemos iniciado un proceso de conversaciones con distintos actores de la sociedad civil, al que hemos denominado ‘Congreso Abierto’, poniendo también a disposición de la ciudadanía las herramientas con las que contamos para facilitar los cabildos y encuentros que ya se han auto convocado en todo el territorio. 

Algo que ya veníamos haciendo a través de distintas iniciativas de vinculación ciudadana, como el senador virtual constitucional que busca devolver a la gente el proyecto de nueva constitución que presentó el gobierno anterior, fruto de la fase participativa de un proceso constituyente que, en esta coyuntura, vuelve a cobrar sentido y pertinencia.

Fenómenos como el chileno, con distintas particularidades, vienen ocurriendo en distintos países y continentes. Forman parte de un cambio de época planetario. Pero hay que tener cuidado, pues en muchos lugares las consecuencias han sido peores que sus causas. En el caso de las denominadas primaveras de las naciones árabes, el vacío de poder permitió el surgimiento del radicalismo islámico. En Europa Oriental, se consolidó la vocación paneslávica de Rusia como potencia hegemónica de la región, y en América Latina se han producido regresiones democráticas como el caso de Brasil.

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